Amores by Ovid

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Llorad mi desgracia: me han vuelto las tristes tablillas, y su letra fatal me anuncia que hoy es imposible verla. Los presagios no carecen de valor; el umbral lastimó el pie de Nape en el momento de salir; cuando te envíe otra vez afuera, cuida de atravesarlo con precaución, y que la sobriedad te permita levantar más el pie. Lejos de mí, tablillas desdichadas de fúnebre leño, y tú, cera, que los signos de repulsa señalaron, creo que fuiste extraída de la flor de la alta cicuta, y que la abeja de Córcega te labró con su miel de ingrato sabor; aunque parecías enrojecida por el bermellón, en realidad tu color era el de la sangre. Trozos de inútil madera, volad arrojados a la calle, y que os triture el peso de la rueda al pasaros por encima. Persuadido estoy de que tenía las manos impuras el que os arrancó del árbol y dedicó a tales usos; aquel árbol sirvió sin duda de horca al cuello de un miserable; con sus ramas proveyó de cruces infames al verdugo, prestó al buho funesta sombra, y en su ramaje sostuvo los nidos del buitre y el quebrantahuesos. Y yo, loco, deposité en ellas el testimonio de mis amores, y escribí en ellas las tiernas palabras que debían persuadir a mi amada. Mejor convenía su cera al señalamiento de un juicio, leído en tono adusto por el representante de la ley, y se acomodaría a las efemérides de un avaro que, viendo sus cifras, se lamenta de las sumas gastadas. Ahora comprendo la razón de que se os llame dobles, y por cierto que este número no es de buenos auspicios. ¿Qué os deseará mi cólera sino que os carcoma y pudra la vejez, y la suciedad inmunda cubra vuestra tersa superficie?

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