Read "Amores" by Ovid online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
¿Por qué, mordaz envidia, reprendes mi vida desidiosa y llamas a mis versos fruto de un ingenio sumido en la pereza? Aunque alienta con brío mi edad, no sigo las huellas de mis antepasados tras los laureles polvorientos de la guerra; no aprendo el lenguaje ampuloso de las leyes, ni prostituyo mi elocuencia en las luchas venales del foro. Los trabajos que me ofreces son mortales, y yo ansío una fama imperecedera que extienda mi celebridad por los siglos en la redondez del Universo. El cantor de Meonia vivirá mientras permanezcan en su asiento la isla Tenedos y el monte Ida, y el Símois lance al mar su rápida corriente. Vivirá el poeta de Ascra mientras la uva fermente en el mosto y la espiga de Ceres caiga al filo de la hoz encorvada; todo el mundo ensalzará siempre al hijo de Bato, más sobresaliente por el arte que por el ingenio; el coturno de Sófocles dominará siempre la escena, y Arato vivirá eterno, como el sol y la luna. En tanto que el esclavo sea falaz, el padre duro de condición, pérfida la alcahueta y fácil la meretriz, no perecerá Menandro. Ennio, poco conocedor del arte, y Accio, el de vigorosos alientos, han conquistado un nombre que desafía las injurias de los tiempos.
¿Quién olvidará a Varrón, el primer barco, y la áurea piel del Vellocino conquistado por el jefe Ausonio? Los versos de Lucrecio perecerán el día que perezca el orbe. Títiro, los frutos campestres y las hazañas de Eneas serán leídos mientras Roma impere sobre el Universo, conquistado por su valor, y también lo serán los tuyos, tierno Tibulo, en tanto que el arco y el fuego sean las armas de Cupído. Galo será conocido de los pueblos de Occidente y la Aurora, y con Galo su hermosa Licoris: que si el transcurso del tiempo desgasta las rocas y enmohece la reja paciente del arado, los poemas burlan las amenazas de la muerte. Cedan a los cantos de la poesía los reyes y sus pomposos triunfos, y con ellos cedan asimismo los opulentos raudales del aurífero Tajo. Que el vulgo admire lo deleznable, y el rubio Apolo me permita apurar los vasos llenos del agua de Castalia, y mi cabellera resplandezca con el mirto, que aborrece las escarchas, y sea leído una y mil veces por la solicitud del amante. La envidia se alimenta con sangre de vivos, a la muerte los deja, y entonces el varón insigne se protege con la gloria que ha merecido. Así, cuando el fuego de la pira haya consumido mis restos, aun viviré, y será inmortal la parte mejor de mi existencia.