Los bandidos de Río Frío by Manuel Payno — Read

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Los valentones de Tepetlaxtoc no quedaron muy contentos de la conducta de Evaristo en el ataque que sufrieron por las fuerzas del coronel Baninelli. Decían en la pulquería del pueblo que era un gallina, un collón, un sinvergüenza, que se había juído en cuanto vio las capas amarillas; que si él, como capitán que era de la cuadrilla, se hubiese puesto a la cabeza de ellos, se habrían zumbado redonda a la caballería de línea y hasta cogido preso al coronel.

De los indios enmascarados decían blasfemia y media. De cobardes y animales no les bajaban un punto, y se alegraban de que los hubieran colgado en los árboles, como se cuelga a los coyotes y a las zorras para que sirvan de espantajo en las milpas; y como tenían a deshonra que cuatro de los muchachos de Tepetlaxtoc estuvieran colgados en los árboles en compañía de tan miserables brutos, a la noche siguiente de la derrota montaron a caballo, llegaron a las tres de la mañana al camino de Río Frío, descolgaron a sus compañeros, hicieron una sepultura en el monte, los enterraron, después se hincaron de rodillas, les rezaron un padrenuestro y un avemaria por el descanso de sus almas; volvieron a montar a caballo y antes del mediodía iban entrando, uno a uno, en el pueblo; de modo que los pasajeros ya sólo miraban, balanceándose en el aire, las piernas prietas y desnudas de los enmascarados ya medio comidos por los gavilanes y aguiluchos.

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