Los bandidos de Río Frío coverCAPÍTULO 36
CAPÍTULO 36

PARTE II

Las piedras rodando se encuentran

CAPÍTULO 36Visible text2 paragraphs
La repentina y rápida ejecución de los dos valentones de Tepetlaxtoc infundió el terror no sólo en las cuadrillas dirigidas y pagadas por Relumbrón, sino en los cientos de rateros, borrachos y gente de mala vida que había venido de los cuatro ángulos de la República. No fue necesario que Evaristo les hiciese ninguna recomendación, y él mismo se vio por un momento perdido, figurándose que había sido denunciado por Cecilia o por el licenciado Lamparilla, que veía con desconfianza al lado de Relumbrón y apenas lo toleraba.
Los comerciantes y la gente honrada y buena aplaudió la energía del general y se alegró mucho de la muerte de los valentones. Los más piadosos decían: «Dios los haya perdonado; pero vale más que estén ya muy lejos de Lagos, donde de seguro no volverán a hacer otra fechoría; lo que es por ahora, los que trabajando buscamos nuestra vida, podemos andar en la feria con el oro en las manos, seguros de que nadie nos chistará ni una palabra».