CAPÍTULO 30
PARTE I
En el canal de Chalco
CAPÍTULO 30Visible text2 paragraphs
Al oscurecer, las canoas de los Trujanos, vacías unas, cargadas otras, iban surcando trabajosamente las aguas cenagosas del canal; la balsa de vigas acababa de atracar y la trajinera de Cecilia estaba ya cargada con tercios de mantas de la fábrica de los Antuñanos de Puebla, que remitían a los comerciantes de Chalco y de Ameca; preferían la canoa de Cecilia porque navegaba con más velocidad, y los arrieros no tenían que detenerse mucho para esperar la carga; además, la propietaria de la embarcación era muy cuidadosa; cubría la carga con petates y cueros de res y la entregaba sin averías.
El licenciado Lamparilla no se hizo esperar; llegó en un simón, en traje de viaje. Sus calzoneras de paño, su sombrero jarano, un par de pistolas fulminantes y una pequeña maleta en la mano, que contenía una muda de ropa para presentarse ante el Ayuntamiento de Ameca y prevenirlo en favor de los intereses de Moctezuma III. El teniente de la garita lo recibió cordialmente, y ambos se dirigieron al embarcadero, donde los esperaba Cecilia. El hombre que tomó en la mañana pasaje, estaba ya sentado en un banco de piedra junto a un tendejón situado en la orilla del canal.
