La calandria by Rafael Delgado — Read

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Continuaron en Xochiapan los conciertos. El cura adelantaba sus rezos, cenaba a las siete, y luego el harmonio entonaba sus cantos graves y solemnes y sus melodías religiosas. Doña Mercedes oía desde el sofá; Angelito bostezaba en una mecedora, y Carmen tejía a la luz de la lámpara, esperando su turno. Cuando el padre González, cansado de tocar, venía a ocupar un asiento junto a la anciana, la entristecida tañedora dejaba el ovillo y las agujas para tomar la guitarra.

No estaba su ánimo para canciones, pero cómo negarse a los deseos del clérigo, que gustaba de oírla y de escuchar la música de la Gran Vía y de Toros de Puntas, a la sazón en boga. Carmen tañía y cantaba. De cuantas canciones había oído el cura, ninguna tan bella como las Golondrinas.

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