Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Perdonemos al pobre muchacho sus vanidosos alardes. La joven le trataba con afecto y cariño fraternales, pero, a decir verdad, nunca había dado motivo para que Gabriel dijera que se entendían.
El ebanista estaba temeroso de que otro pretendiera conquistar el corazón de la huérfana; sabía que Tacho era un pillo muy largo, y juzgó del caso hacer constar que el pajarito tenía dueño.