Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Llovía a cántaros. Un aguacero de agosto, torrencial, interminable, de esos que impiden a los generales ganar las batallas y que pasan a la posteridad como una prueba de los caprichos de la veleidosa fortuna.
Apenas pudo Gabriel oír, y eso muy confusas, las últimas campanadas del reloj de la parroquia que daba las doce. Con atento oído esperó la repetición, y abrió la puerta. El agua rebotaba en las baldosas de la acera e inundaba el umbral, el dintel goteaba y el arroyo, muy crecido, tenía por cauce toda la calle.