Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hasta la noche no vino Gabriel a su casa. A mediodía, un aprendiz avisó, por encargo del ebanista, que éste, con Tacho y Enrique López, había ido a comer a una fonda.
Durante la comida estuvo el mozo cabizbajo y triste, casi sin despegar los labios. No bastaron a sacarle de su abatimiento los chistes de sus amigos, ni la sempiterna charla del barbero, que era una gacetilla por lo decidor y parlanchín, y cuentan que no escasearon antes de sentarse a la mesa las copitas de catalán con anisete.