Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
A las dos de la mañana empezó a decaer el entusiasmo; las parejas estaban cansadas, y era preciso darles un rato de reposo.
Algunos quisieron oír la voz de la Calandria, y un grupo de alegres jóvenes, presidido por Enrique López, pidió a la huérfana que se dignara cantar. Carmen se negó a ello por consejo de Alberto, a quien pareció tal pretensión inoportuna y de mal gusto. Los jóvenes insistieron, suplicaron, rogaron, colmando de elogios a la cantadora y poniendo por las nubes las habilidades filarmónicas de la muchacha. Todo fue en vano; ésta no cedió, y los galanes se retiraron desagradados y corridos, culpando a Rosas de aquel incalificable desaire.