Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquella horrible noche, el ebanista supo mostrarse digno, enérgico, altivo; consiguió acallar la voz del corazón y resistir los impulsos generosos del alma.
Mudo, inmóvil, como petrificado por un hechizo, permaneció en el centro de la pieza, siguiendo con mirada atónita a la doncella que salía avergonzada y llorosa. Luego que la vio desaparecer dio unos cuantos pasos hacia la calle, y cerró de un golpe la puerta.