Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
No hubo concierto esa noche en la casa cural. Un mes hacía que estaban en la aldea, y la señora no conseguía habituarse a la soledad pavorosa de Xochiapan. Durante la noche siempre estaba temerosa de un asalto y pensando en bandoleros y asesinos, impresionada, sin duda, por el recuerdo de un suceso que años atrás consternó a los buenos habitantes de Pluviosilla: el asesinato del cura de Metztitlapan, un pueblo de indios viciosos y haraganes situado a legua y media de la ciudad.
A la oración rezaron el rosario en la sala, y luego la señora cerró todas las puertas. Antonio, por súplicas y ruegos de doña Mercedes, vino a dormir a la sacristía. A las nueve todos estaban recogidos y entregados al sueño, menos Carmen que encerrada en su cuartito hilvanaba un vestido. Era preciso disponerse para estar guapa. Acaso el domingo próximo vendría Gabriel y convenía que la viera elegante y más bonita que nunca.