Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
No iba por el camino real o trillado temiendo que el fraile hubiese muerto y le siguiesen, sino por sendas y campos a la husma del miedo que le guiaba; y dio con un labrador que ayudado de dos mozos hijos suyos estaba haciendo unos hoyos como fuesas y le preguntó para qué los hacían. Respondiéronle que para plantar una viña, y que en cada hoyo ponían dos sarmientos. Miró él un rato y dijo: -Buenos labradores, ¿no sería mejor en vez de esos hoyos abrir una zanja tan larga como la tira de la viña, y las haríades con más facilidad, y después de oreada y soleada poníades vuestros sarmientos atravesados y los enterrábades con la tierra ya curada que sacastes primero? Y dijo el más mozo de los hijos: -Yo creo, padre, que este muchacho tiene razón. Mas el padre contestó: -Ni tú ni él la tenéis; así me enseñó vuestro abuelo a plantar la viña, y así os enseño yo a vosotros. -Y ¿no dais otra razón, buen hombre?, le dijo Pedro Saputo. ¿Conque moro mi padre y moro he de morir yo? Pues en verdad que si nunca hiciéramos sino lo que hicieron nuestros padres y lo hicieron ya los antiguos, siempre el mundo estuviera en el primer día, y todas las cosas en la primera rudeza. Y decidme, ¿cuándo dará fruto esotra viña vuestra? -Ésa, respondió el labrador, se plantó el año pasado y aún tardará a dar fruto, porque agora crece y se arraiga, después se poda raso o degüella, para quitarle la pujanza inútil, y luego torna a echar y son ya los sarmientos que han de formar la cepa; y al cuarto año de plantada hace el primer fruto. Miró Pedro Saputo la viña inmediata, miró otras y volvió al labrador y le dijo: -Yo creo que ese dejar brotar libremente a la vid ha de quitalle fuerzas de su arraigo, y que sería mejor podalla según arte el primer año, o al menos limpialla muy bien, y podalla el segundo, con que debería dar ya algunos racimos.
Porque. -No hay porqué ni por cuándo, le atajó diciendo el labrador; sois un rapaz que aún hedéis a la leche del ama, ¿y os venís dándome lecciones y queriendo persuadir modas nuevas? Andad, hi-de-puta, y seguid vuestro camino, si es que sabéis a dó ís, que por cierto no os he llamado. -Me voy, sí, me voy, respondió Pedro Saputo, porque así me cumple; pero dígoos, hombre falso, y romperé cien lanzas sobre ello, que la viña que no da fruto y bueno, aunque no muy abundante el segundo año, o no nació para viña o es hija de burro. -¿Lo habéis oído el insolente?, dijo el labrador a sus hijos; y los mozos arremetieron contra él levantando sus azadas. Él iba ya a probar otra vez la certeza de su brazo con un par de piedras contra los mozos, cuando, acordándose del fraile, quiso más bien remitirlo de pronto a los pies; mas hizo alto luego y revolvió contra el primero que venía, y tomándole de lado esquivó el golpe de la azada y le saltó encima y lo derribó en tierra, mientras llegó el otro e hizo con él lo mismo. Bregaban por levantarse, y él los zarandeaba como ratón al gato, hasta que por concluir dio un puño al mayor en el hombro y le tulló un brazo, y al menor de una coz le aplastó las narices haciéndole saltar un río de sangre; y dijo al padre que venía contra él muy furioso: -Veo canas en vuestra cabeza y no quiero poner las manos en vos, alma de corcho, que si no tenéis más dicha en otras cosas que en parir hijos valientes, catad qué gesto ponen. Bien cuitado habéis de ser en toda vuestra suerte. Limpiad los mocos a ese mozo que le ensucia la cara y la camisa, y a ese otro brizmadle si sabéis, que bien lo ha de menester, y dad memorias de mi parte al albéitar del lugar. Y con esto los dejó y pasó adelante.