Corridas en Francia by Luis Bonafoux Quintero

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Señores y señoras de extrangis que no seáis aficionados a las corridas de toros más o menos vacas nerviosas, con caballos o caballerías de servir en delantales de cuero, ¿tenéis más que no asistir a las corridas?… No parecerá tan atroz la salvajada, ni tan repugnante el espectáculo, cuando se ve, de regreso de las corridas, a muchas parisienses que exhiben, como si fueran reliquias, moñas y banderillas.

No soy yo de los que creen, con la «inmensa mayoría» del público, que el número uno de los articulistas al día es en París Aurélien Scholl. Buena pluma es indudablemente; pero, lector, en París hay más, y aunque no soy quién para meterme a dar patentes de cronistas literarios, tengo a Scholl por inferior a Mirbeau… y a otros que, con tanto mosto de ingenio como Aurélien Scholl, no han tenido en sitio tan céntrico una tienda para exponer el vino… Por eso mismo de ser Aurélien Scholl un cronista excelente, no está bien que se le vaya la pluma al cielo en parrafitos de este jaez: -«Los españoles son bravos, fieros, de una lealtad a toda prueba, de una generosidad sin límites; pero (¡estos peros son los que revientan!) es preciso reconocer que la raza española es en la historia la raza más sanguinaria e inhumana. Por donde quiera que pasó un español corrió a torrentes la sangre y se hizo costumbre el ejercicio del tormento. Pizarro y Hernán Cortés en América, el duque de Alba en Flandes, la Inquisición en la Metrópoli, por todas partes el fuego, el hierro, el patíbulo, los miembros triturados, los hombres quemados vivos… »

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