Explore "Morriña" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
No obstante la explícita promesa, cuando Rogelio abrió los párpados después de un sueño tranquilo y bienhechor, vió á Esclavitud á la cabecera de su madre, sirviéndola una tacita de caldo. La señora, aliviada de la jaqueca, se quejaba mucho de la contusión en la espinilla. Poco después vino Sánchez del Abrojo, y le dió la razón asegurando que, según las trazas, aquella magulladura iba á presentar una degeneración erisipelatosa, por lo cual, para evitar los perniciosos efectos del frío sobre los tejidos, convenía la cama.-«Tampoco estaba yo capaz de levantarme aunque me diesen permiso», advirtió la señora. «Me encuentro como si me hubiesen manteado y pegado después una tunda con sacos de arena. No tengo hueso que bien me quiera.
Ahora es cuando noto yo las resultas del batacazo.»