Explore "Morriña" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Y EN efecto, ni veinticuatro horas tardó la madre en arreglarle á su hijo una entrevista con la rival de Esclavitud. El punto de cita fué en la propia morada de la susodicha rival, morada obscura y que olía medianamente, como suelen oler todas las habitaciones de gente de su laya; por lo cual, para que Rogelio se enterase bien del talle y porte de su nuevo quebradero de cabeza, hubo que sacarle al patio sin ningún artificio de coquetería, y aun pudiéramos decir que en estado de casi total desnudez, pues no cubría sus esbeltas formas sino una manta vieja que el dueño del taller de coches, Agustín Cuero, se apresuró á levantar á fin de que nada velase sus encantos.
Era una monada de jaca andaluza, alazana con cabes negros, de cabeza chica y enjuta, de nerviosos remos, de lucio y acopado casco, de pelo irisado á fuerza de estar brillante, de entreabiertas fosas nasales más suaves que la seda, de ojo lleno de fuego y dulzura; joven, leal, gallarda, animosa; un animal de esos que honran á la raza caballar española con la hermosura de su estampa y la inteligente generosidad de su carácter. Agustín Cuero no le escaseó elogios hiperbólicos, fingiendo que se enternecía al desprenderse de tan rica pieza.