Satiricón by Petronio

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Después que todos los comensales nos hubimos mutuamente deseado la salud del cuerpo y la del cerebro, Trimalcio volviose hacia Nicero [Nicerote] y -Tú solías, le dijo, ser ocurrente y locuaz en los festines; ¿por qué callas hoy y no pronuncias palabra?

Te ruego, si quieres complacerme, que nos cuentes alguna de tus aventuras.

Nicero, complacido por la afabilidad del amigo: -Que no me favorezca la fortuna, respondió, si no he gozado grandemente en este festín, al contemplar vuestra satisfacción.

Entreguémonos a la alegría franca sin temor a los sarcasmos de los escolásticos.

Narraré también lo que me pides, aunque se burlen. ¿Que se ríen de mí?

Que se rían.

Es mejor sufrir las burlas que burlarse.

Y cuando esto hubo dicho. comenzó su relato así: -Cuando yo servía, habitábamos en la calleja angosta (en la ahora casa de Gavilla), donde yo me enamoré, por la voluntad de los dioses, de la mujer de Terencio el tabernero.

Habéis conocido a Melisa de Tarento, el más hermoso nido de besos que haya, en el mundo; pero no vayáis a creer ¡por Hércules! que era el amor carnal, el atractivo del placer material lo que me seducía más en ella; sus buenas cualidades me atraían.

Nunca me negó cosa alguna que le pedí; al contrario, adelantábase a mis deseos; le confié mis economías, y jamás tuve que arrepentirme de mi confianza.

Su marido murió en el campo, y yo torturé mi mente para conseguir reunirme con ella, convencido de que en las circunstancias angustiosas es cuando se conocen los verdaderos amigos.

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