Read "Satiricón" by Petronio online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Por feliz casualidad, mi amo había marchado a Capua con objeto de vender algunos útiles de fácil venta.
Aprovechando la ocasión, persuadí a nuestro huésped de que me acompañara unas cinco millas de distancia; era un militar, valiente como Plutón [el Orco].
Partimos al primer canto del gallo (la luna brillaba diáfana y se veía tan claro como al medio día), y llegamos a un cementerio.
Mi hombre, de repente, se pone a conjurar los astros; yo me siento, y entonando una canción, me pongo a contar las estrellas; me vuelvo luego hacia él, y le veo que se desnuda y deposita sus vestidos a la orilla del camino.
Atemorizado, quedé inmóvil como un cadáver.
Júzguese de mi espanto cuando le veo orinarse alrededor de sus ropas y en el mismo instante transformarse en lobo.
No creáis que me bromeo; no mentiría por todo el oro del mundo. ¿Pero en qué iba yo de mi relato?. ¡Ah!
Ya recuerdo.
En cuanto convirtiose en lobo, se puso a aullar y huyó al bosque.
Yo, en primer lugar, ignoraba dónde me hallaba; luego, al buscar las ropas de mi compañero para llevármelas, las encontré convertidas en piedras.
Si alguna vez un hombre ha debido morir de miedo, ese hombre fui yo.
Tuve ánimo para sacar la espada y dando tajos al aire en todas direcciones, para ahuyentar los malos espíritus, pude llegar a casa de mi amante, más muerto que vivo, cubierto de un sudor frío que me corría por todo el cuerpo.
Costoles trabajo hacerme entrar en reacción.
Mi querida Melisa atestiguome su sorpresa al verme llegar a una hora tan avanzada y en tal estado: -Si hubieras venido más temprano, me dijo, hubieras podido prestarme un gran servicio.
Un lobo ha penetrado en la majada y ha degollado todos nuestros carneros: una verdadera carnicería; pero, aunque ha logrado escapar, no han de quedarle ganas de volver, pues uno de los sirvientes le ha atravesado de parte a parte el cuello con su lanza.
Calculad si yo me asombraría de este relato; y como acababa de amanecer, corrí a todo escape hacia nuestra casa, cual si me persiguieran asesinos.
Cuando llegué al sitio en que yo había dejado los vestidos convertidos en piedras, no encontré más que grandes manchas de sangre; pero al llegar a mi casa, mi valeroso soldado yacía en el lecho sangrando como un buey, y un médico hallábase muy ocupado en coserle el cuello.
Comprendí entonces que era el lobo de Melisa, y desde tal día, antes me habrían matado que hacerme comer con él un pedazo de pan.
Los que crean que miento y no conozcan mi modo de ser, allá ellos; pero que los genios tutelares de tu casa me agobien con su cólera si no he dicho verdad.