Read "Satiricón" by Petronio online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Después de este acto de familiaridad sirvieron a cada uno de nosotros unos huevos de oca y unos pollos, que, según Trimalcio, estaban deshuesados.
Aquí estábamos del festín cuando llamaron a la puerta y entró un nuevo convidado, vestido de blanco y seguido de un gran cortejo lucidísimo.
Sobrecogido de un temor respetuoso al aspecto de ese personaje, que creí el pretor, y pensaba ya en largarme a la calle, cuando Agamenón me dijo, riendo por mi apresuramiento en levantarme: -No te molestes, hombre estultísimo; es nada más que el Sevir Habinas [Habinnas], de oficio marmolista y que pasa por ser el mejor artífice de monumentos fúnebres.
Tranquilizado por estas palabras, volví a ponerme de codos sobre la mesa, no sin admirar la majestuosa entrada del Sevir, que estaba ya a medios pelos y para sostenerse apoyábase en el hombro de su esposa.
De su frente, adornada con varias coronas, corrían ríos de perfume, que caían sobre sus ojos; se colocó, sin cumplidos, en el sitio de honor y pidió vino y agua tibia.
Encantado de su desembarazo, Trimalcio pidió también otra copa más grande de vino y se informó de cómo lo habían tratado en la casa de donde venia. -Lo pasamos muy bien, dijo Habinas, y únicamente a ti eché de menos, porque mi corazón estaba aquí. ¡Por Hércules!
Buena estuvo la fiesta, Seissa [Escisa] ha celebrado con magnificencia la novena de Miselo, uno de sus esclavos, a quien manumitió in articulo mortis.
Fuera del impuesto del vigésimo que el se gana, ha encontrado una buena sucesión, pues no se estima en menos de cincuenta mil escudos la fortuna del difunto.
Hemos tenido una cena muy agradable, aunque nos haya sido preciso verter sobre los huesos del difunto la mitad de nuestro vino.