Read "Satiricón" by Petronio online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Algunos instantes después Trimalcio ordenó que sirvieran los postres.
Los esclavos se llevaron inmediatamente todas las mesas y trajeron otras; en seguida esparcieron por ellas una especie de tintura de azafrán y bermellón y de piedra vítrea reducida a polvo, cosa que nunca había yo visto en ninguna parte.
Entonces, Trimalcio, -Podía, dijo, contentarme con este servicio, porque tenéis ante vosotros la segunda mesa; pero si hay alguna friolera, que nos la traigan.
Entre tanto, un adolescente egipcio que servia el agua caliente comenzó a imitar el canto del ruiseñor; mas prontoTrimalcio grita: -¡Otra cosa!- y la escena cambia.
Un esclavo que estaba sentado a los pies de Habinas, sin duda por orden de su dueño, declama con canora voz:
En medio del Océano, Eneas, indeciso, / siguió la ruta que Minerva quiso.
Nunca sonidos más agrios taladraron, mis oídos, pues además que el bárbaro bajaba o subía de tono, siempre a contratiempo, mezclaba versos atelianos, y entonces, por primera y única vez, me disgustaron los versos de Virgilio; cansose al fin, y al callarse exclamó entusiasmado Habinas:
-¡Y nunca ha estudiado!
Se ha formado imitando a los pocos que ha oído declamar.
Así no tiene rival cuando quiere imitar a los muleteros y charlatanes.
En los asuntos dramáticos, sobre todo, es donde más resalta su genio.
Además, es a la vez zapatero, cocinero, repostero; todas las musas le inspiran.
No tiene más que dos pequeños defectos, sin los cuales sería un hombre completo: está circuncidado y ronca como un perro; también bizquea un poco; mas no importa: lo mismo mira Venus, y así me gusta a mí.
Por mirar de ese modo no he pagado por él sino trescientos dineros.