Read "Satiricón" by Petronio online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Mientras el esclavo que acompañaba a Ascylto registró bien todos los rincones y con un palo reconoció el lecho.
Por fortuna Giton, conteniendo la respiración, evitó diestramente todos los golpes.
En cuanto salieron, Eumolpo, aprovechando que la fractura de la puerta no permitía dificultar a nadie la entrada, se precipitó en el cuarto, y transportado de júbilo: -¡He ganado mil escudos!, exclamó.
Voy a correr tras el pregonero, y para vengarme de la mala pasada que me has hecho, le declararé que Giton está en tu poder.
Al ver que persistía en su resolución, supliquele que no se complaciese en matar a moribundos, y: -Merezco, le dije, esa venganza si pudieras realizarla.
Pero ¡ay! ahora entre la turba ha desaparecido el muchacho, sin que pueda sospechar dónde está.
Por tu fe, Eumolpo, ayúdame a buscar al querido niño, aunque lo entregues después a Ascylto.
Mientras yo lo persuadía con estas palabras, Giton, no pudiendo ya resistir su incómoda postura, estornudó tres veces seguidas, y el anciano, levantando las ropas, vio a nuestro Ulises, al que un Cíclope, aun en ayunas, hubiese compadecido. Volviéndose a mí: -¿Cómo es esto, dijo, bandido?
Cogido in fraganti, ¿todavía negarás la evidencia?
Pues bien, ni los dioses, árbitros de las cosas humanas, permiten la impostura; ellos han impedido, forzando a este niño a descubrirse, que yo errara ahora buscándolo por toda la población.
Mientras tanto Giton, con más trastienda que yo, había empezado a curar, valiéndose de telas de araña y aceite, la herida que Eumolpo había recibido en la frente; luego reemplazó con su propio manto el desgarrado que llevaba el poeta, y al ver que éste empezaba a calmarse, lo besó, y: -Tú eres, le dijo, tú eres, queridísimo padre, nuestro mejor guardián.
Si amas a tu Giton, sálvale.
Yo, que soy el único motivo, la sola causa de todos estos sucesos, debía ser devorado por las llamas, engullido por el mar tempestuoso, y mi muerte reconciliaría a los dos amigos que por mí dejaron de serlo.
Eumolpo, conmovido por mí y por Giton, enternecido sobre todo por las caricias que le prodigaba este amable niño: -Ciertamente, sois un par de imbéciles, dijo.
Podéis ser felices, pues tenéis méritos para ello, y no obstante pasáis miserables con inquietudes continuas la existencia, y cada día os creáis nuevos tormentos.