Read "Satiricón" by Petronio online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Mientras hablaba en secreto Eumolpo con Bargates, entró en el establecimiento un pregonero seguido de un siervo público y de gran número de curiosos; y sacudiendo al aire una antorcha que esparcía más humo que luz, leyó esta proclama:
Un adolescente acaba de extraviarse en el baño público: tiene cerca de dieciséis años; pelo crespo: hermoso de rostro; aspecto delicado; se llama Giton.
El que lo devuelva o indique el lugar donde se halle, recibirá mil escudos.
No lejos del pregonero, estaba Ascylto con túnica de varios colores y llevando en una fuente de plata la recompensa prometida.
Sin perder instante, ordené a Giton echarse al lecho y ocultarse entre la ropa revuelta, como en otro tiempo Ulises se ocultó en el vientre de un carnero.
Como se lo ordené, Giton colgose de manos y pies en las barras del lecho, tapándose tan bien que Ulises se hubiera confesado vencido por nuestra astucia.
Yo, para evitar toda sospecha, eché mis vestidos en desorden sobre el lecho, y me acosté un momento para imprimir en él la forma de mi cuerpo.
Mientras tanto Ascylto, después de haber visitado todos los cuartos con el sirviente del pregonero, se paró ante el mío, concibiendo tanta mayor esperanza al ver que estaba cuidadosamente cerrada la puerta.
El sirviente introduciendo su pica por el quicio de la puerta, hizo saltar la cerradura.
Entonces, echándome a los pies de Ascylto, conjúrele, en nombre de nuestra antigua amistad y recordando los días tristes que pasamos juntos, que me dejase ver por última vez al querido niño cuya ausencia lloraba.
Y para dar más verosimilitud a mis hipócritas lamentos: -Conozco, dije, Ascylto, tus intenciones.
Has venido a matarme. ¿No lo demuestra así el venir con hombres armados? Sacia tu furia; he aquí mi cuello; derrama mi sangre; tus investigaciones son sólo un pretexto.
Ascylto, indignado por tal sospecha, juró que no tenía otro objeto que reatrapar al fugitivo; que no buscaba la muerte de nadie, y menos la de aquél en quien no podía menos de reconocer, aunque separados por una enojosa cuestión, un carísimo amigo.