Satiricón by Petronio

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Transportado de furor, Licas: -¡Oh, mujer infeliz!, dijo.

No creas que esos estigmas han sido estampados a fuego. ¡Ojalá fueran esas inscripciones una mancha! ¡Podríamos solazarnos por completo!

Ahora mismo estaban tratando de burlarnos con una indigna comedia, y esas inscripciones postizas son una nueva irrisión.

Trifena, feliz por no haber perdido enteramente a su amado, se inclinaba a la indulgencia; pero Licas, que me guardaba rencor por mis relaciones con su esposa Doris y por la afrenta que en los pórticos de Hércules le hicimos, inflamado el rostro por la ira, exclamó: -Los dioses inmortales que gobiernan todas las cosas humanas son los que han traído a nuestro barco a estos infames; ellos nos advirtieron también de su presencia por medio del ensueño, y no podemos perdonarlos sin atraernos un castigo.

Yo no soy un bárbaro, pero perdonándolos temería atraer sobre mí las iras de los dioses.

Estas supersticiosas razones cambiaron el parecer de Trifena, quien declaró que no se oponía, y aun consentía de todo corazón en tan justo castigo, añadiendo que había recibido los mismos ultrajes que Licas y que la habíamos expuesto a la vergüenza pública con proposiciones infames contra su honor.

Licas, al verse secundado en sus propósitos por Trifena, dio nuevas órdenes para hacer más cruel nuestro suplicio; lo que, oído por Eumolpo, trató de apiadarlo.

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