Explore "Insolación y Morriña" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Viendo á su hijo aquella noche, á la hora de comer, distraído, pálido y hasta un poco seco al hablar, la señora pensó al punto: «La tenemos armada. Ya se lo ha encajado aquella buena alhajita». También pescó al vuelo miradillas furtivas, azoradas y elocuentes; pero se aguantó, discurriendo para sí: «Según Don Nicanor, en este mundo hay que hacerse el tonto un cuarto de hora todos los días; ahora á mí me han doblado la ración, y tendré que hacerme la tonta algunos meses.» Hízose, pues, la tonta, como si no advirtiese el estado de su hijo, á quien preguntó con muchísimo interés noticias de la jaca y de la cochera, y de los habituales compañeros de sport. Así que se alzaron los manteles, sacó otra conversación muy socorrida y de palpitante actualidad, á saber: los exámenes. «Rapaz, allá para el miércoles ó jueves, me parece que te tocará el turno, de manera que esta semana me espera á mí un ajetreo regular. Porque la verdad es que con esos señores no sabe uno á qué carta quedarse. ¡Si todos fuesen como Contreras! Ese sabe ponerse en la razón. Sólo que este año todavía no te cae por banda Contreras. Con los demás es un lío; si se oye á unos y á otros, hay para marearse. Lastra quiere que le bajen la cabeza, que le rindan el tributo de la recomendación, y que todo el mundo tenga que agradecerle. Ruiz del Monte parece que es al contrario: si le hablan por un chico, le toma tirria, y le aprieta hasta reventarlo. Tú sabrás si es cierto; á mí me lo contó tu amigachillo Díaz, el que escribe romances. De Albirán se susurra otra cosa: que no desatiende recomendaciones, pero con su cuenta y razón, según de quien procedan. Lo más seguro será que repases, niño.»
-Ya repaso, mamá-contestó lacónicamente el estudiante.