Insolación y Morriña by Emilia Pardo Bazán

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Solía el comandante Pardo ir alguna que otra noche á casa de su paisana y amiga La marquesa de Andrade. Charlaban de mil cosas, disputando, acalorándose, y en suma, pasando la velada solos, contentos y entretenidos. De galanteo propiamente dicho, ni sombra, aun cuando la gente murmuraba (de la tertulia de la Sahagún saldría el chisme) que Don Gabriel hacía tiro al decente caudal y á la agradable persona de Asís; si bien otros opinaban, con trazas y tono de mejor informados, que ni á Pardo le importaba el dinero, por ser desinteresadísimo, ni las mujeres, por hallarse mal curada todavía la herida de un gran desengaño amoroso que en Galicia sufriera: una historia romántica y algo obscura con una sobrina, que por huir de él se había metido monja en un convento de Santiago.

Ello es que Pardo resolvió consagrar á la dama la noche del día en que la berlina echó la siesta famosa. Serían las nueve cuando llamó á la puerta. Generalmente los criados le hacían entrar con un apresuramiento que delataba el gusto de la señora en recibir semejantes visitas. Pero aquella noche, así Perfecto (el mozo de comedor á quien Asís llamaba Imperfecto por sus gedeonadas) como la Diabla, se miraron y respondieron á la pregunta usual del comandante, titubeando é indecisos.

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