Read "El arte de amar" by Ovid online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
A los griegos los armé en contra de las amazonas, y ahora contra ellos debo armar a Pentesilea y a su bella hueste. Id al combate con fuerzas iguales y que venzan los protegidos de la encantadora Venus y el niño que recorre en su vuelo el vasto universo. Que las mujeres luchasen desnudas contra enemigos bien armados, no era justo, y en estas condiciones, si los hombres lograban la victoria, sería una victoria altamente penosa. Quizá alguien puede que exclame: ¿Por qué das ponzoña a la víbora y entregas el rebaño a la loba furiosa?". Contesto que es injusto hacer llegar a todas las culpas de unas cuantas, que cada cual debe ser juzgada de acuerdo con sus méritos propios.
Si Menelao se queja con motivo de Helena, con mucha más razón Agamenón puede acusar a Clitmenestra, la hermana de Helena, si por maldad de Erífile, la hija de Halaión, Anfiarao descendió vivo a los infiernos sobre sus briosos corceles, tenemos a Penólope casta y fiel a su marido en los dos lustros de la guerra de Troya y en los otros dos que anduvo errante por los mares. Acuérdate de Laodamia, que acabó sus días en la flor de la edad por unirse a su esposo en la tumba, y de Alcestes, que redimió de la muerte a su marido, Admeto, con el sacrificio de la propia vida. "Recíbeme, Capaneo, y que nuestras cenizas se confundan", clama la hija de Ifis, y en seguida se lanza en medio de la hoguera.