No contar todo by Emiliano Monge — Read

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Y no es de un lugar de donde escapa quien no ha estado, se dirá también Emiliano, en algún punto de los días siguientes a la muerte de Carlos Monge McKey -unos días en los que tampoco llamará a Manuela, su amante de esos meses, porque sabía, estaba seguro de que ella, al escucharlo, comprendería que algo más estaba sucediendo: que además de con la muerte, había empezado a acostarse con Mireya; en los que no hablará tampoco a su trabajo: no creía, no creyó nunca del todo que Ediciones de los lunes, aquella casa editorial que montara con dos socios que eran la carne y una astilla encarnada, Rafael, su amigo, y Morancitos, aquel amigo falso de su amigo, que más que una astilla encarnada era una rémora, una sanguijuela, un sacacuartos, un frescal, un gusano, un parásito, un anélido, una bacteria, en suma: la infección que trae consigo una astilla enterrada, fuera realmente un trabajo; en los que no llamó siquiera a su analista: la tercera, la que era idéntica a Julianne Moore aunque a una Julianne Moore momificada y vuelta luego a rehidratar, con quien había empezado terapia hacía unos meses, tras la última depresión que lo aplastara, lo humillara y lo hundiera, porque sabía que las sesiones con ella se oponían, estorbaban entre el hombre que era y ese otro hombre al que por fin abrazaría dentro de poco. Como también, en algún punto de estos días, Emiliano empezará a construir el mundo que, estará de golpe convencido, habrá de permitirle escapar de su destino, irse sin tener que irse en serio.

Y así, abrazando aquel presentimiento que, más temprano o más tarde, alcanza a cada miembro de su estirpe, Emiliano empezará a pensar que al hacer esto, que al aceptar el latido de su pecho, pero aceptándolo de forma consciente, será capaz de escapar de sus dictados.

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