Explore "La Piedra Angular" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Despedido de Febrero, Moragas subió a su casa cinco minutos, volviendo a bajar transformado: sin levita, sin guantes, embozado en la capa, un tanto ladeado el honguillo. Diríase que acudía a alguna clandestina cita, o a algún conventículo de conspiradores.
Todo menos aturdir entonces los barrios con el estrépito de su berlina. Iba con ese andar cauteloso y furtivo que se llama paso de lobo, y pronto salvó el Páramo de Solares y se metió, campo de Belona arriba, por la calle del Peñascal, que había de conducirle a la del Faro.