Explore "Seda" by Alessandro Baricco on Textopian. Read with annotations and highlights.
A finales de julio Hervé Joncour partió con la mujer hacia Niza. Se establecieron en una pequeña villa a la orilla del mar. Así lo había querido Helene, convencida de que la serenidad de un refugio apartado resultaría propicia para despejar el humor melancólico que parecía haberse apoderado del marido. Había tenido la perspicacia, eso sí, de hacerlo pasar por un capricho personal, regalando al hombre que amaba el placer de perdonárselo.
Transcurrieron tres semanas de pequeña, inatacable felicidad. En los días en que el calor se hacía más benigno alquilaban una carroza y se divertían descubriendo los lugares escondidos en las colinas, desde los cuales el fondo del mar parecía hecho de papel coloreado. De vez en cuando se dejaban caer por la ciudad para un concierto o una velada mundana. Una tarde aceptaron la invitación de un barón italiano que festejaba su sexagésimo cumpleaños con una solemne cena en el Hotel Suisse. Estaban en el postre cuando la mirada de Hervé Joncour fue a dar a la de Hélène. Estaba sentada al otro lado de la mesa, al lado de un seductor caballero inglés que, curiosamente ostentaba en la solapa tight una coronita de pequeñas flores azules. Hervé Joncour lo vio inclinarse hacia Hélene y susurrarle alguna cosa en la oreja. Hélene se echó a reír de una manera bellísima, y riendo se ladeó ligeramente hacia el caballero inglés, llegando a rozarle con sus cabellos la espalda, en un gesto que no tenía ningún embarazo, sino sólo una desconcertante exactitud. Hervé Joncour bajó la mirada hacia el plato. No pudo menos que notar que su propia mano, aferrada a una cucharita de plata, estaba indudablemente temblando.