Neoporfirismo, Hoy como ayer

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La revolución maderista fue verdaderamente eficaz. En sólo seis meses, a partir del 20 de noviembre de 1910, cuando se llamó al pueblo a tomar las armas, se consumó el derrocamiento de Porfirio Díaz. Hubo pérdidas de vidas humanas, "catorce mil hombres muertos en el campo de la revolución", según estimó Luis Cabrera, en septiembre de 1912. Pero este saldo, por siempre lamentable, resultaría menor al que se registró en las etapas posteriores, de mucha mayor violencia. Además, el dinero utilizado fue relativamente poco. Desde los primeros días del triunfo, la revolución fue auditada en forma rigurosa como ninguna otra en el mundo. Costó 642 195 pesos, de los cuales 358 mil se destinaron a la compra de armas, municiones y equipos. El monto total fue reconocido por el gobierno interino que, respetando el acuerdo del 31 de mayo de 1911, se lo entregó a Gustavo A. Madero, quien procedió a devolverlo a los aportantes.

Nunca se pudo comprobar que la revolución maderista recibiera fondos de empresas de Estados Unidos, en especial de la Standard Oil Company, como denunciaron sus adversarios. En suma, la libertad se había conquistado sin muchos problemas. Los daños a las actividades productivas fueron mínimos; se respetaron la vida y los intereses de los extranjeros, no hubo fuga de capitales ni se debilitó la hacienda pública. Un mes después de la entrada de Francisco I. Madero a la ciudad de México, se informa que "el corte de caja practicado en la Tesorería General arroja una existencia de $63 070 000. [sesenta y tres millones setenta mil pesos] cubiertos los gastos extraordinarios".

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