Neoporfirismo, Hoy como ayer

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Si el desenlace del sometimiento de Reyes significó un triunfo para la fórmula Porfirio-Corral, el desgaste que produjo esta larga confrontación, como hemos dicho, contribuyó de manera decisiva al derrumbe de la dictadura. A partir de entonces, no sólo varios políticos decidieron enfrentar abiertamente a Porfirio, sino que el tiempo dedicado a sofocar la oposición reyista, ayudó a Francisco I. Madero a preparar sin mucha presión el inicio el movimiento antirreeleccionista que detonaría la revolución. A Madero le favoreció el que los porfiristas se entretuvieran en la lucha interna, pero también el que no lo tomaran en serio. Se equivocaron, porque se trataba del hombre a la medida, como lo demandaban las circunstancias; el ser providencial como dirían los místicos; en palabras llanas, el dirigente que hacía falta para conducir al pueblo y comenzar la obra de transformación.

Nadie mejor que él para encabezar la insurrección popular. Reyes contaba con simpatía, pero no era un demócrata, sino un hombre de poder que no se atrevió a desafiar al régimen. Ricardo Flores Magón, por el contrario, apostaba con profundas convicciones al triunfo de la justicia sobre el poder, pero no contaba con el respaldo de mucha gente; Madero, en cambio, tenía la ventaja de pertenecer a la clase acomodada, lo cual le permitió ganarse la confianza de sectores medios y del pueblo raso, con el importante añadido que sin ser un luchador social era un auténtico demócrata, un dirigente convencido de que la conquista de las libertades pasaba por combatir y terminar con la dictadura.

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