Neoporfirismo, Hoy como ayer

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En su primer año de gobierno, Madero enfrentó cuatro rebeliones armadas. Tres de carácter político, las encabezadas por Orozco, Reyes y Félix Díaz, con poco respaldo ciudadano y sin éxito militar, así como la revuelta zapatista que se mantenía vigente, aunque contenida por la prudencia del general Felipe Ángeles, quien comprendía las profundas razones y la dimensión social de la causa de los campesinos del sur. Aun siendo estas rebeliones las de mayor impacto, obviamente hubo otras manifestaciones de inconformidad y represión en varios lugares de la república. Téngase en cuenta que el derrocamiento de Porfirio produjo un grave desajuste en el férreo sistema de control centralizado y los otrora hombres fuertes en las regiones, gobernadores, caciques y jefes políticos, perdieron fuerza ante el surgimiento de nuevos actores y líderes revolucionarios. En Juchitán, a finales del gobierno interino, se desató una sangrienta represión.

En ese entonces, era gobernador de Oaxaca Benito Juárez Maza, quien había vencido en las elecciones a Félix Díaz. Todo comenzó cuando José F. Gómez, jefe político de Juchitán, fue sustituido por Enrique León y se declaró en rebeldía con el apoyo del pueblo. La sublevación del Che Gómez, como se le conocía en el istmo, dura del primero al 10 de noviembre, con cruentos enfrentamientos entre soldados y civiles, dejando como saldo el incendio de casas, del palacio municipal, del Hotel Central y más de 500 muertos. El 14 de noviembre, en una entrevista a El Heraldo Mexicano, Madero asegura que "las dificultades ocurridas en el distrito de Juchitán son de carácter puramente local, y tengo la esperanza de que en breve quedarán zanjadas satisfactoriamente.

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