Explore "El hombre que amaba a los perros" by Padura, Leonardo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Kharálambos movió apenas el timón y, bajo el sol de la tarde, el bote se adentró en el río de oro sobre un mar por el que el joven pescador había aprendido a navegar con su padre, su padre con su abuelo, su abuelo con su bisabuelo, en una acumulación de sabidurías que se remontaba, tal vez, hasta los días en que los ejércitos de Alejandro pasearon por sobre aquellas aguas la furia y la gloria del gran rey de los macedonios. Más de una vez, observando la destreza marinera de Kharálambos, Liev Davídovich se había preguntado si no habría llegado el momento de perpetrar un acto de suprema sabiduría y despojarse de todas las armaduras para darse la oportunidad de respirar, por primera vez en su vida adulta, un aire simple como el que alimentaba la sangre del pescador, lejos de los torbellinos de su época.
Cuatro años de exilio, cinco de marginación, decenas de muertes y decepciones, revoluciones traicionadas y represiones feroces, sumó Liev Davídovich y tuvo que admitir que quedaban pocas razones para la esperanza. El hombre cosmopolita, el luchador protagonista, el líder de multitudes había comenzado a envejecer a los cincuenta y dos años: jamás había imaginado que ese rincón del mundo en que vivía le provocaría algún día la sensación de tener quizás eso que llaman un hogar. Y menos aún que, por un momento, deseara renunciar a todo y lanzar sus armas al mar.