Explore "El hombre que amaba a los perros" by Padura, Leonardo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Nada más llegar, Ramón tuvo la sensación de que Barcelona había envejecido.
La orden del Estado Mayor del Ejército Popular que lo reclamaba en la ciudad había arribado al campamento una semana después de la visita que le hizo Caridad en la Sierra de Guadarrama. Lleno de dudas y cargando una buena dosis de vergüenza, Ramón se había despedido de sus compañeros y, con su ropa cubierta de lodo, subió en el transporte militar que evacuaba a los heridos del frente. ¡No pasarán! , había gritado hacia sus compañeros de trinchera, quienes les respondieron con las mismas palabras: ¡No pasarán! Ramón Mercader no imaginaba que era la última vez que utilizaría aquella consigna.