Explore "El hombre que amaba a los perros" by Padura, Leonardo on Textopian. Read with annotations and highlights.
A lo largo de la primavera de 1977 viajé varias veces hasta la playa, y en cada ocasión, movido por la más inocente curiosidad, me senté un rato bajo los pinos procurando un nuevo encuentro, seguramente improbable, con el dueño de los galgos rusos a quien, el mismo día en que lo conocí, había bautizado como «el hombre que amaba a los perros».
Desde mi salida de Baracoa, dos años antes, y finalizada la cura alcohólica que me mantuvo radicalmente alejado de la bebida durante quince años -cuando empezó la crisis y sentí que podía volver a tomar un trago de ron o una cerveza y no despeñarme por la escalera de Jacob, pues allá abajo estábamos-, yo le había dado un giro importante a mi vida. Sin saber todavía a derechas lo que me proponía, y para sorpresa de mis amigos, no había aceptado la ubicación que me otorgaban en el equipo de los servicios informativos de una emisora nacional, premio al trabajo que se suponía había realizado en Baracoa, evaluado como excelente. Entonces había comenzado a rastrear en el sub-mundo de la esfera periodística y cultural, todavía atestado de ángeles caídos que antes habían sido celebrados y polémicos escritores, periodistas, promotores, todos defenestrados, quizás de por vida, y por las razones o sinrazones más disímiles. Aquella búsqueda terminó por conducirme hasta la modestísima plaza de corrector en la revista Veterinaria Cubana, pues su ocupante había muerto unas semanas antes, al parecer por propia mano. Aquel trabajo parecía lo suficientemente oscuro, anónimo, alejado de las pasiones y ambiciones posibles, y me garantizaba las dos cosas que yo necesitaba en aquel momento: un salario para vivir, paz y rutina para tratar de recomponer mi espíritu. En su momento, pensaba, ya intentaría un regreso a la escritura que, en aquel momento, todavía creía posible.