Explore "El Transitus Mariae" by Pierre Crépon on Textopian. Read with annotations and highlights.
Entonces, María se prosternó sobre el pavimento, adorando al Señor: «¡Bendito sea el nombre de tu gloria, oh Señor, mi Dios, tú que te has dignado escoger a tu humilde sierva y confiarme el secreto de tu misterio! Acuérdate de mí, Rey de la Gloria. Tú sabes que te he amado con todo mi corazón y que he conservado el tesoro que me has confiado. Recibe a tu sierva, Señor, y líbrame del poder de las tinieblas, para que Satán no me ataque y para que yo no vea a los espíritus espantosos venir a rodearme».
El Salvador respondió: «Cuando, enviado por mi Padre para la salvación del mundo, fui colgado de la cruz, el príncipe de las tinieblas vino hacia mí; pero, no pudiendo encontrar ningún vestigio en su corazón, se retiró vencido. Yo le vi y tú le verás, según la ley común del género humano, a la que te conformas muriendo, pero él no podrá hacerte daño, porque no hay nada en ti que esté en él, y yo estaré contigo para protegerte. Ven, pues, en paz, porque la milicia celeste te espera para que yo te introduzca en las alegrías del paraíso».