Explore "Los Hermanos Karamazov" by Fyodor Dostoevsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
El padre Paisius no se equivocó al decir que su «querido muchacho» volvería. Sin duda había sospechado, ya que no comprendido, el verdadero estado de ánimo de Aliocha. Sin embargo, cohfieso que me sería extraordinariamente difícil definir con exáctitud aquel extraño momento de la vida de mi joven y simpático héroe. A la pregunta que el padre Paisius dirigió, tristemente, a Aliocha -«¿Te has unido a los hombres de poca fe?»-, yo podría contestar sin temor a equivocarme: «No, no se ha unido a ellos. » Era precisamente todo lo contrario: el trastorno intimo que se había apoderado en él procedia de la pureza y el fervor de su fe. Sin embargo, el trastorno existía, y era tan cruel, que mucho tiempo después Aliocha consideraba aún aquella jornada como una de las más amargas y funestas de su vida. Si me preguntaran: «¿Es posible que experimentara tanta angustia y turbación únicamente porque el cuerpo de su starets, en vez de producir curaciones, se había descompuesto con tanta rapidez?», mi respuesta sería inmediata. «Sí, eso fue. »
Ruego al lector que no se precipite a reirse de la simplicidad de nuestro joven. No solamente no considero que haya que pedir perdón por la ingenuidad de su fe, debida a su juventud, a los escasos progresos realizados en sus estudios y a otras causas parecidas, sino que declaro que su modo de sentir me infunde respeto. Es muy posible que otro joven, acogiendo con reservas los impulsos de su corazón, tibio y no ardiente en sus afectos, leal pero demasiado juicioso para sus años, es muy posible que este joven no hubiera hecho lo que hizo el mío. Pero en ciertos casos es más digno dejarse llevar de un impulso ciego, provocado por un gran amor, que oponerse a él. Y especialmente cuando se trata de la juventud, pues yo creo que un joven juicioso en todo momento no vale gran cosa.