Capítulo 10
Parte 5: Cuarta Parte · Libro 12: Un Error Judicial
La Defensa, Un Arma de Dos Filos
Capítulo 10Visible text2 paragraphs
Cuando empezó su discurso el famoso abogado, se hizo un silencio absoluto en la sala y todas las miradas se concentraron en él. Al principio se expresó con una simplicidad persuasiva, sin la menor suficiencia, sin pretensión alguna por ser elocuente ni patético. Se diría que estaba charlando con unos cuantos amigos íntimos. Tenía una voz fuerte y agradable, en la que se percibían la sinceridad y la espontaneidad. Pero todos los oyentes advirtieron al punto que podía alcanzar el grado más alto de patetismo y hacer latir los corazones con violencia extraordinaria. Hablaba menos correctamente que Hipólito Kirillovitch, pero con más precisión y frases más breves. Hubo en él algo que no gustó a las damas: el detalle de que se inclinaba, sobre todo al principio de su discurso, pero no como el que saluda a su auditorio, sino como el que se dispone a arrojarse sobre él. Su larga espalda parecía tener una bisagra en la parte central, que permitía al orador doblarse hasta casi formar un ángulo recto. Al iniciar su discurso, habló sin plan alguno, refiriendo los hechos al azar, para formar finalmente un todo. Su discurso se dividió en dos partes. La primera constituyó una crítica, una refutación al discurso del fiscal, a veces mordaz y sarcástica. En la segunda parte, el defensor cambió de tono y de actitud y se elevó repentinamente hasta alcanzar el más intenso patetismo. La sala, que parecía esperar este cambio, se estremeció de emoción.
Entonces Fetiukovitch abordó francamente el asunto, diciendo que, si bien estaba establecido en Petersburgo, se trasladaba con frecuencia a las provincias para defender a acusados cuya inocencia le parecía segura o probable.
