Amores by Ovid — Read

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Oiga el que desee conocer a cierta meretriz: es una vieja llamada / Dipsa; el nombre le viene del oficio: Jamás la sorprendió en ayunas la / madre del negro Memnón desde su carro ornado de rosas. Ella conoce las / artes de la magia, las canciones de Colcos y los conjuros que obligan a / retroceder las rápidas aguas hacia su fuente. Sabe muy bien las virtudes / de las plantas, del lino arrollado en el rombo y del virus que destilan / las yeguas en celo. Si quiere amontona las nubes en el vasto cielo, y / si quiere brilla la luz del día en la atmósfera azulada. ¿Lo creerás? Yo / he visto a los astros destilar gotas de sangre, y he visto asimismo / ensangrentado el purpúreo cerco de la luna. Me sospecho que en vida / revolotea entre las sombras de la noche con el cuerpo cubierto de / plumas; lo sospecho, y es rumor acreditado que en sus ojos brilla una / doble pupila y de las dos lanza rayos de fuego. Evoca de los antiguos / sepulcros a sus remotos ascendientes y con sus cánticos hiende la sólida / corteza de la tierra. Se propuso mancillar el tálamo púdico de los / esposos, y no faltó a su lengua una pérfida elocuencia. Por casualidad / fui una vez testigo de sus discursos, oyéndola, detrás de la puerta que / me ocultaba, dar tales consejos: «Luz de mi vida, sabes que ayer / cautivaste a un joven opulento, que se detuvo y quedó largo rato / suspenso contemplando tu linda cara. ¿A quién no cautivarás? A ninguna / cedes en belleza; pero, ¡qué desgracia!, el atavío de tu cuerpo no / responde a tus hechizos. Quisiera que fueses tan feliz como hermosa, y / yo no sería pobre viviendo tú en la abundancia. Tuviste que sufrir el / rigor de la estrella contraria de Marte; Marte ha desaparecido y Venus / te favorece con sus señales. Observa su aparición, te es propicia, un / rico amante te solicita y se dispone a darte cuanto te falta. Es además / tan hermoso, que podría compararse contigo; si él no pretendiese comprar / tus favores, deberías tú comprar los suyos.» La joven se ruborizó.

«El pudor -continúa- enciende la blancura del rostro; disimulado aprovecha, y / verdadero suele dañar. Cuando le mires bajando con modestia al suelo la / vista, tus miradas deben guardar proporción con los regalos que te / ofrezca. Tal vez en el reinado de Tacio las adustas Sabinas no quisieran / pertenecer a muchos amantes; pero hoy Marte impulsa a los romanos / contra los pueblos extranjeros, y Venus reina en la ciudad de su Eneas. / Hermosas, gozad vuestra juventud: es casta la que ninguno pretende, y si / la cortedad no se lo impide, es la mujer la misma que ruega.

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