Explore "Las guerras de los judíos" by Flavio Josefo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Movíase con mayor enojo Vespasiano, por ver el astuto consejo y el atrevimiento grande de sus enemigos, porque recibida ya alguna esperanza de haberse fortalecido, osaban salir contra los romanos a correrles el campo; salían cada día compañías a pelear; hacíanse mil engaños, mil latrocinios y rapiñas de todo lo que se ofrecía; y quemaban lo que no podían haber, hasta tanto que Vespasiano, haciendo que los soldados no peleasen, se quiso poner a cercar la ciudad por tomarla por hambre: porque pensaba que, forzados por pobreza y hambre, se habían de rendir, o si querían ser pertinaces y porfiados, que habían todos de perecer de hambre; y que sería mucho más fácil tomarlos y combatirlos, si los dejaba reposar un poco, haciendo que ellos mismos enflaqueciesen y se disminuyese la fuerza de ellos con el hambre. Mandó poner guarda en todas las partes por donde salían y podían salir.
Estaban de dentro muy bien proveídos, así de trigo como de toda otra cosa, excepto de sal: la falta de agua los fatigaba mucho, porque no tenían de dentro la ciudad alguna fuente, contentos los que dentro vivían del agua del cielo; en el verano suele llover en aquellas partes muy poco; daba esto alos cercados mucha mayor pena que todo lo otro, ver que les era ya quitado lo que ellos habían pensado para defenderse y matar la sed: parecíales que les faltaba ya toda el agua, y por ello estaban todos con tristeza.