Las guerras de los judíos by Flavio Josefo

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Hacían diligencia los romanos en buscar a Josefo por estar muy enojados contra él, y por parecer digna cosa a Vespasiano, porque siendo éste preso, la mayor parte de la guerra era acabada; trabajaban en buscarle entre los muertos y entre los que se habían escondido, pero él en aquella destrucción de la ciudad, sirvióse de lo que la fortuna le ayudó; huyóse del medio de sus enemigos y escondióse saltando en un hondo pozo, que está junto con una grande selva por un lado, a donde no lo pudiesen ver por más que trabajasen en buscarlo, y aquí halló cuarenta varones de los más señalados escondidos, con aparejo de las cosas necesarias para hartos días. Pero habiéndolo todo rodeado los enemigos, estábase de día muy escondido, y saliendo cuando la noche llegaba, estaba aguardando tiempo cómodo para huir. Y como por su causa todas las partes estuviesen muy bien guardadas y no hubiese ni aun esperanzas de engañarlos, descendióse otra vez a 1a cueva y estúvose allí escondido dos días enteros. A1 tercer día, prendiendo una mujer que con ellos había estado, lo descubrió.

Luego Vespasiano envió dos tribunos con diligencia: el uno fue Paulino, y el otro Galicano, los cuales prometiesen paz a Josefo, y le persuadiesen que viniese a Vespasiano, a los cuales no quiso él creer ni obedecer por mucho que se lo rogaron, y le prometieron dejarle sin hacerle daño alguno. Temíase el mucho más por lo que veía ser razón, que aquel más padeciese que más había errado y cometido, que no se confiaba en la clemencia y mansedumbre natural de los que le rogaban, y pensaba que iban tras él por castigarle y darle la muerte, hasta tanto que Vespasiano envió el tercer tribuno, llamado Nicanor, amigo de Josefo, y que solía tener con él antes mucha familiaridad. Este, pues, le hizo saber cuán mansos eran los romanos contra los que habían vencido y sojuzgado, diciéndole cómo era Josefo más buscado por su admirable virtud y esfuerzo, que aborrecido, y tenía el Emperador voluntad no de hacerlo matar, porque esto fácilmente lo podía hacer sin que se rindiese, si quería; pero que quería guardar la vida a un varón esforzado y valeroso. Añadía más: que si Vespasiano quería hacerle alguna traición, no había de enviarle para ello a un amigo, es a saber, una cosa buena, para poner por obra y ejecutar otra mala, dando a la buena amistad nombre de quebrantamiento de fe y traición; mas ni aun él mismo le había de obedecer por dar lugar que engañase un amigo suyo.

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