Las guerras de los judíos coverCAPÍTULO 19
CAPÍTULO 19

PARTE IV

De la destrucción de Tarichea

CAPÍTULO 19Visible text2 paragraphs
Acabados los barcos y puestos en orden, Vespasiano puso dentro la gente que le pareció necesaria, y juntamente con ella él mismo también partió en persecución de los que por la laguna habían huido. Estos, ni podían salir a tierra salvamente, siéndoles todo contrario, ni podían pelear en el agua con igual condición, porque sus barcas eran pequeñas, y lo que estaba aparejado para los corsarios era muy débil contra los barcos que los romanos habían hecho, y habiendo poca gente en cada una, temían llegarse a los romanos, que eran muchos y estaban muy juntos. Pero andándoles alrededor, y algunas otras acercándose algo más, de lejos tiraban muchas piedras los romanos, y heríamos a las veces de cerca; más daño recibían de ambas maneras ellos mismos, porque con las piedras que ellos tiraban no hacían otra cosa sino sólo gran ruido, estando los romanos contra quien ellos tiraban, muy bien armados; los que algo se acercaban, luego eran heridos con sus saetas, y los que osaban llegar más cerca, antes que ellos dañasen ni hiciesen algo, eran heridos y derribados, y eran echados al fondo con sus mismas barcas: muchos de los que tentaban herir a los romanos, a los cuales podían alcanzar éstos con sus dardos, derribaban con sus armas a los unos en sus mismas barcas, a otros prendían con ellas, cogiéndoles en medio con sus barcos.
Los que caían en el agua, y levantaban la cabeza, o eran muertos con saetas, o eran presos y puestos dentro de los barcos, y si desesperados tentaban librarse nadando, quitábanles las cabezas, o cortábanles las manos, y de esta manera morían muchos de ellos, hasta tanto que, siendo forzados a huir, los que quedaron en vida llegaron a tierra, dejando rodeados sus navichuelos de los enemigos. De los que se echaban en el agua, muchos hubo muertos con las saetas y dardos de los romanos, y muchos saliendo a tierra fueron también muertos; así que estaba toda aquella laguna llena de sangre y de cuerpos muertos, porque ninguno se escapó con la vida.