CAPÍTULO 5
PARTE V
En el cual se comienza a contar el principia de la destrucción de Jerusalén
CAPÍTULO 5Visible text2 paragraphs
Derramado estaba todo el pueblo de Jerusalén con la venida de Juan; y mucha gente, junta con cada uno de los que habían huido, preguntaban todos cómo les había ido por fuera, y qué matanza había sido hecha. Apenas podían ellos todos resollar, de lo cual se podía harto claramente entender la necesidad que habían padecido; pero aun en sus males estaban soberbios, y decían que no los había forzado la fuerza de los romanos, antes habían venido de voluntad propia, por poder pelear con ellos de lugar que fuese más seguro: porque cosa era de hombres mal considerados, inútiles y desproveídos de consejo, ponerse en peligro por unos lugares o ciudades pequeñas, conviniendo tomar las armas con esfuerzo por la ciudad principal y guardarlas para esto; y descubriendo la destrucción de los de Giscala, descubrieron también haber sido huida la partida honesta que decían ellos de Giscala.Oyendo lo que aquel pueblo cautivo había sufrido y padecido tristemente, estaban todos muy perturbados; pensaban ser esto gran argumento para creer la destrucción de ellos mismos. No se avergonzaba Juan por causa de aquellos que había dejado huyendo; antes, yendo por todas partes, incitaba a todos a la guerra, trayéndoles delante la flaqueza de los enemigos, y levantando las propias fuerzas, y con esta cavilación y engaño engañaban a los simples que no sabían algo en las cosas de la guerra, diciendo que aunque los romanos volasen, no podrían jamás entrar dentro de los muros, por haber sufrido tanto daño en tomar las ciudades y villas de Galilea, y que todos los ingenios y máquinas que tenían de guerra, estaban ya gastados en derribar los muros.
Con estas palabras corrompía gran parte de los mancebos; pero ninguno había de los viejos ni de los prudentes que no llorase ya la ciudad como perdida, juzgando bien lo que había de suceder. De esta manera, pues, estaba todo el pueblo confuso: la compañía de los labradores y gente rústica, vecina de Jerusalén, antes de la revuelta y sedición que en Jerusalén se levantó, comenzó a discordar y a mover riñas entre sí.
