CAPÍTULO 14
PARTE VII
Del hambre que los de Jerusalén padecían, y de cómo fue el segundo monte levantado
CAPÍTULO 14Visible text2 paragraphs
Fuéles quitada a los judíos la licencia y facultad que tenían de salir, y con esto perdieron la esperanza de alcanzar salud ni poder salvarse: el hambre había ya entrado en todas las casas generalmente y en todas las familias. Estaban las casas llenas de mujeres muertas de hambre, y de niños, y las estrechuras de las calles estaban también llenas de hombres viejos muertos: los mozos y mancebos andaban sin color, casi como muertos, por los mercados y plazas; y cuando sucedía que alguno muriese, todos quedaban muy amedrentados, pues no podían sepultar los muertos por el gran trabajo: y aquellos en quien aun alguna fuerza quedaba, avergonzábanse y no podían hacerlo, parte por ver tanta muchedumbre, y parte también porque no sabían el fin que ellos mismos habían de alcanzar.
Morían, finalmente, muchos encima de los que sepultaban; muchos huían a sepultarse vivos antes de que llegase el fin de sus días, y no se oían en tan grandes males llantos ni gemidos, porque la grande hambre que padecían no daba lugar para ello. Los que morían postreros miraban a los muertos primeros con los ojos muy secos y sin virtud para poder echar una lágrima, y con las bocas y vientres corrompidos.
