Explore "Memorias de un Vagón de Ferrocarril" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Salí de La Coruña aquella noche de otoño llevando a Raquel, que iba a Valladolid, y a dos recién casados de los cuales -- y a su tiempo debido -- volveré a hablar. Marchaban estos a Madrid, y como el único "departamento cama" del correo era el mío y estaba retenido por tres señores desde la víspera, el flamante matrimonio hubo de resignarse con un compartimiento "de primera". Hablaban parcamente, y a estimarles por el desvaimiento y mentecatez de sus ademanes parecían avergonzados de cuanto los amigos que fueron a despedirles al tren demostraban maliciosamente esperar de ellos.
De la novia, ni el cuerpo, ni los ojos, ni siquiera la juventud -- no habría cumplido los veinte años -- interesaron mi atención; era insignificante. Se llamaba Digna. El también se parecía a centenares de individuos que yo había visto. "¿De qué se habrá enamorado este hombre -- meditaba yo -- que es mozo y a quien su trabajo hubiera permitido aspirar a una compañera mejor? . " Como respondiendo a mi pregunta presentóse a mi memoria aquel viejo y triste adagio español según el cual "la suerte de la mujer fea la bonita la desea"; y es así, indudablemente, cuando el refrán lo dice. Mas, ¿dónde buscar la lógica del hecho? . Quizás en el recelo que muchos hombres tienen a cortejar a la mujer que, por hermosa, suponen muy recuestada y ufana de sí, y por tanto de difícil acceso; y ese miedo a quedar desairados les contiene, y les lleva a los pies de la fea, de quien esperan orgullosamente ser admirados.