Explore "Memorias de un Vagón de Ferrocarril" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hecho a viajar, en pocas semanas mi bien ejercitada atención conoció detalladamente las particularidades y horizontes de la principal línea andaluza; y cuanto más recapacito en las sorpresas que me dió su estudio, pasmo mayor me causa la pluralidad de máscaras o facetas de la psicología hispana. Aquí, más que en ninguna otra nación, un monte, un río, una falla del terreno, poseen capacidades aisladoras inverosímiles. Conocer Andalucía, conocer Galicia, o Castilla, o Aragón, o Valencia. no faculta al extranjero a decir: "Conozco España". ¿Y cómo no sería así cuando la variedad de pueblos, rudos y combativos, que por aquí pasaron, no pudiendo fundirse totalmente unos con otros, hicieron de ella, más que "un alma", un increíble "racimo de almas"? Si aplicásemos a nuestra península las reglas de la metoposcopia, sacaríamos en limpio que España, con sus estepas tristes, desjugadas, amarillentas y rugosas, parece un viejo rostro cansado de llorar. Sus montes pelados, sus planicies estériles, sus ríos sin agua -- aquellos mismos que hace siglos prodigaron su riqueza y hoy corren humildes como millonarios arruinados -- , nos hablan de un larguísimo historial de guerras y de salvajes fanatismos, y los odios centenarios que separaron a unas ciudades de otras, aunque pulidos por la cultura, duermen todavía en lo inconsciente de la raza y hace de cada español un sujeto poco gobernable.
Como antes el carácter de las provincias Vascongadas, y luego el espíritu de la región gallega, así el alma andaluza, rápidamente, penetró en mí. Mis relaciones con El Majo continuaban siendo de las más ácidas, y estábamos ciertos de que acabaríamos golpeándonos, pues ni él renunciaba a sus pragmáticas de baratero, ni yo se las toleraba; en cambio, las restantes unidades del convoy me querían mucho, especialmente El Negro, que siempre iba a mi lado, y otro coche apodado El Rubio y no por su color, sino por el considerable número de ingleses que había viajado en él; ambos me profesaban conmovedora devoción, y se hacían lenguas cuando se trataba de elogiar mi sutileza en el arte de conocer, y mi memoria.