Explore "Memorias de un Vagón de Ferrocarril" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
Si yo tuviese tiempo y memoria -- y paciencia también -- para trasladar al papel siquiera la cuarta parte de mis recuerdos, mis confesiones ocuparían varios volúmenes. ¡Desfilaron ante mí tantos horizontes, tantos episodios, tantas figuras! . Y este mismo vivir bordonero, exasperó mi acuidad sensorial, pues la función crea el órgano, y así las impresiones renovadas son a los nervios lo que al músculo el ejercicio físico. A más intenso y perseverante meditar, mayor inteligencia.
El tesoro emotivo de los años tempranos perdura intacto en mí. Todavía recuerdo, sin que las imágenes hayan palidecido, la alborotada impaciencia de los primeros viajes; la avidez retozona con que mis ruedas bisoñas se deslizaban sobre la brillantez de los rieles; el entusiasmo temerario con que acometíamos las cuestas arriba; el vértigo clamoroso de los descensos a través de campos borrachos de flores y de sol; el riesgo elegante de las curvas trazadas por los ingenieros sobre el dorso de los precipicios; la embriaguez de las carreras vertiginosas, cuando ensordecía el viento y La Caliente, o La Recelosa, o La Triste -- cualquiera de mis antiguas dueñas -- atrafagada y jadeante, nos arrastraba a ochenta y cinco o noventa kilómetros por hora. Y evoco también conmovido la mansedumbre de los crepúsculos gallegos, la melancolía grave de las sobretardes castellanas, la evaporación neblinosa -- aroma de humedad -- que desdibuja las lejanías norteñas, el profundo silencio rústico de esas estaciones minúsculas donde nuestra locomotora, fatigada, cubierta de tizne y sudor, se detuvo a beber.