Explore "La Vuelta al Mundo en la Numancia" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Horas no más estuvo Ansúrez en Motril, el tiempo preciso para fletar una hermosa lancha y disponerla para su viaje. Belisario le trajo las maletas desde la ciudad al varadero, media legua larga, y luego embarcó con el padre y la hija, cinco marineros y el dueño de la lancha. Largó esta la vela, y al amor de un poniente frescachón que felizmente reinaba, se alejó rascando la costa. La nave era excelente, y a las dos horas de su salida pasaba frente a la Sierra de Adra. Toda la noche siguió navegando con gallardo andar; los tripulantes vieron de lejos la luz de Almería, y al amanecer montaron el Cabo de Gata, siguiendo después con menos marcha, al socaire de los altos montes y cantil, que también tienen nombre de Gata. A proa iban Belisario y los marineros, y Ansúrez a popa con su hija. Sobre las tablas de la sobrequilla habían arreglado, con petates y mantas, el mejor acomodo posible para que la señorita descansara, ya que dormir no pudiera.
La caída del viento fue causa de que emplearan casi todo el día en recorrer la costa hasta Cala Redonda. De aquí, con una fácil guiñada, demoraron frente al puerto de Águilas, y en él se metieron para pasar la noche. Al amanecer continuaron: reinaba un lebeche suave que levantaba marejadilla. Alguna molestia sufrió Mara con las cabezadas de la embarcación; pero pasado Cabo Tiñoso se les presentó mar bella, y por fin, bien entrada la noche, gozosos y satisfechos del tiempo y de la nave, dieron fondo en la bahía de Cartagena. Saltó a tierra Ansúrez con su hija, y sin tomar respiro subieron a su habitual residencia, que era una vetusta casa no lejos de la Catedral Antigua, situada en punto culminante, desde donde se gozaba la vista del puerto y de los dos gigantes castillos que lo custodian: Galeras y San Julián.