Explore "La Vuelta al Mundo en la Numancia" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
La Numancia permanecería en Caldera hasta que llegasen los transportes de vela Valenzuela Castillo y Vascongada, que del Callao salieron con víveres y carbón. Aún había para rato, por causa de las calmas de aquellos días. Aburridos quedaron los tripulantes de la fragata y como desengañados, pues muchos de ellos creían, al partir del Callao, que iban a una función militar de importancia. Otros veían en la ausencia de su General un vacío melancólico, cual si Méndez Núñez se hubiera llevado consigo toda la grandeza y ardor guerrero del primer barco de la Nación. Mientras allí estuvieran las fragatas, debían custodiar el enorme rebaño de buques apresados que con los transportes formaban una impedimenta fastidiosa y pesadísima. No teniendo España, en la inmensa extensión de la costa debelada, ningún puerto, ni siquiera un islote, para refugio y abrigo de sus operaciones, veíase forzada a conducir consigo la reata de barcos viejos que le servían de carboneras, de almacenes, de talleres, y de enfermería en algún caso. Se comprenderá cuán molesta y embarazosa era esta mochila para el guerrero que allí necesitaba toda su agilidad y desenvoltura.
Las dos fragatas y todas las embarcaciones de vapor tenían siempre encendida sus calderas; la vigilancia era minuciosa; en la lancha de hélice, o en botes, los Guardias marinas bordeaban de día y de noche.