Explore "La Vuelta al Mundo en la Numancia" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al aproximarse a la ensenada de Caldera, Méndez Núñez, en el puente con el Oficial de derrota, reconoció con su anteojo las fragatas Villa de Madrid y Berenguela; luego vio los mástiles de los mercantones apresados. No le sorprendió encontrar la Berenguela, que había relevado a la Blanca en el bloqueo de aquella zona; pero sí ver a la Villa de Madrid, y aún fue mayor su sorpresa cuando advirtió que esta no arbolaba la insignia de Jefe de Escuadra, y en cambio, en la Berenguela flameaba el gallardetón de Capitán de Navío. ¿Qué había ocurrido? Diferentes conjeturas pasaron rápidas por la mente del Comandante de la Numancia, y las visiones de desdichas se sucedieron con la fecundidad pesimista de nuestra imaginación, que a veces las exagera y abulta con la idea de que resulte menos fuerte la desdicha real, al ser conocida. Pronto saldría de dudas. Era don Casto Méndez Núñez de estatura mediana tirando a corta, recio y bien plantado. Sobre su rostro moreno vagaba siempre, en ocasiones ordinarias, un mirar dulce y una vaga sonrisa. Su voluntad de hierro no era de las que tienen por muestra al exterior un entrecejo duro, ni su voz, robustecida en las conversaciones con el viento y la mar, llegó a perder las blandas inflexiones gallegas.
Quedó, como se ha dicho, con el alma suspensa de un enigma cuya solución esperaba, y la atención presa en los topes de las dos fragatas. Los de la una, por arbolar insignia, algo le decían; los de la otra, por no tenerla, le decían más.